Odi Profanum Vulgus et Arceo

Philosophia, Aesthetica & Contemplatio

(nuevo)

Verborrea (Pablo Remón)

Verborrea (Pablo Remón)

El intento de Remón de combinar humor, ironía y una mirada incisiva sobre las contradicciones humanas se ve empañado, desde el principio, por ese cúmulo de monólogos, algunos ciertamente largos, y por la sensación continua de que las piezas que se nos muestran no encajan con la fluidez debida. Acción escasa, personajes que rompen continuamente la cuarta pared y le cuentan al público su vida y hazañas. Toda la obra es un juego de identidades, una contraposición de relatos, de versiones y visiones, y un discurso irónico sobre una infancia desconectada de lo urbano y relegada a un paisaje montaraz en la sierra madrileña. La rebeldía, el nihilismo y la marginalidad en el Valle de los Caídos dista mucho de la efervescencia de un Londres, Berlín o (menos) un Madrid. La traslación a ese lugar de la sierra del ruido y la furia del punk, la descripción de los ascensos y caídas de cada uno de los protagonistas a esa escala mínima, no funciona para mi. Se huele lo cutre, el costumbrismo negro, el disparate y la caricatura. Está a un paso de caer en el “santiagosegurismo” de un Torrente (y creo que es por ahí por donde consigue entre el respetable esa carcajada constante). Quizás es el retrato de una sociedad en una época que se creyó contestataria y que no lo fue tanto. Lo que me queda después de asistir a esta representación es que los hermanos (y sus colegas) usan una corriente con fundamentos y teorizaciones sólidas para contestar de forma local y pacata a un contexto que les ahoga y a un padre controlador que les anula. Solo eso. La muy irregular estructura narrativa crea una cierta dispersión hacia un final deslavazado y desconcertante (esa escena final entre Elejalde y Cámara, que prolonga innecesariamente el momento del telón y que destroza la intensidad emocional que el primero había conseguido en su monólogo inmediatamente anterior). Un golpe de guion final para acabar en una moraleja. Bostezo. Todos ellos, cuando las luces van a negro, acaban cansados, solos, gastados, descreídos, fracasados… mayores.

Además, Remón, que ha firmado anteriormente diálogos de gran calidad, opta por no hacer uso de ellos en esta Verborrea y crea un relato que es una sucesión de monólogos más propios de una stand-up comedy (y en ellos, Cámara se sale). Marta Nieto se hace pesada en el registro cómico: una leve pincelada del acento murciano hubiera bastado, pero a mi particularmente llega un momento que se me hace bola y en el que me encuentro a mi mismo deseando que termine la charada. Emilio Tomé, fiel escudero de Remón, me parece artificioso cuando interpreta al padre, con un volumen excesivo (aunque una proyección de voz inmejorable), y, sin embargo, en el papel de Johnny Cassettes, ese descerebrado que bebe de algún personaje (pienso en Mad, interpretada por Toyah Wilcox) de Derek Jarman en Jubilee, alcanza alguna cota aceptable de naturalidad, ternura y sentido del humor que termina redimiéndole. Versatilidad que se agradecería si se alejara del cliché e introdujera un poco más de templanza en el registro del fascista de Cuelgamuros. Sin embargo, Elejalde me ha decepcionado. Instalado en la caricatura, no me deja que me crea al personaje de Segis Tóxico y opaca sus más que demostradas posibilidades como actor. En su monólogo final salva los trastos, pero deja un sabor de boca con regusto amargo.

La puesta en escena de Remón es plana a fuer de sobria, aunque la escenografía de Mónica Boromello consigue instalarme en ese entorno de abandono, de ruina aún viva, de memorias amarillentas, de ambientes “paco” que tuvo que ser el campamento del Cuelgamuros (el camping Los Toros). Considero un acierto esa caravana llena y desbordada de arena que hace presente y palpitante la memoria de riadas y ruinas. Nada que objetar al sonido de Sandra Vicente, que logra crear la atmósfera adecuada y respaldar esos estados de ánimo sucesivos por los que transitan los actores. Y lo mismo reza para la iluminación de David Picazo: acompaña bien esos cambios de actitud y de temporalidades. En cuanto al vestuario de López Cobos y Sánchez de la Morena, bien encajado, desde lo paletito del vestido primero de la madre de Kike y Segis, hasta lo choni de la vestimenta de Lola Metralla, el uniforme punki de Segis (y aquí tengo que objetar la estética de la peluca, que nada tiene que ver con la tribu a la que se adscribe el grupo Verborrea y se aproxima más a la estética heavy-rockera de los Ramones; aunque es posible que un Elejalde con cresta no fuera creíble) y de Juanito (sin objeción este último); por no hablar de la estética setentera del Kike empresario, muy acertada.

En definitiva, ni ruido ni furia de lo punk auténtico en este relato, en el que no se encuentra una rebeldía sistémica y una intelectualización de un movimiento que fue global. En Verborrea lo punk es reacción a un padre franquista y a un paisaje desolador, y no a una amenazante emergencia de lo neoliberal thatcherista y sus terrores subsiguientes. Se atisba al fondo (pero muy al fondo) una España que arrastra una pesada herencia del franquismo, pero el detonante doméstico y local es un padre maltratador y tóxico. Una historia con pinceladas (o brochazos) de dexedrina, speed y un socialismo balbuceante y tímido, que termina cayendo en desgracia. Tras tres discos “de culto” (siempre según Kike, el manager y hermano de Segis): «Bakaziones nazis», «Eskizofrenia pa ti» y «Parque de Atracciones Valle de los Kaídos», todo se desploma. Las razones: un talento justo, cuando no inexistente, que no resiste el paso del tiempo y un puñado de clichés de comportamientos punkis a los que nuestros protagonistas no pueden renunciar si no quieren perder su identidad. Y todo ocurre tras una conversación de Segis con Robe Iniesta, en la que éste cita a Foucault: «el sistema somos tú y yo»





FICHA ARTÍSTICA

Texto y dirección: Pablo Remón

Actores:

Kike: Javier Cámara

Segis Tóxico: Israel Elejalde

Madre, amiga, Lola Metralla: Marta Nieto

Teodoro, Johnny Cassettes: Emilio Tomé

Diseño de espacio escénico: Mónica Boromello

Diseño de iluminación: David Picazo

Diseño de vestuario: Ana López Cobos y Sara Sánchez de la Morena

Diseño de espacio sonoro: Sandra Vicente

Ayudante de dirección: Juan Ollero

Asistente artístico: Rebeca Mollá

Fotografía: Carlos Luque

Vídeo: David González

Equipo producción Buxman Producciones: Jordi Buxó, Pablo Ramos y Lucía Naharro

Una producción de Nave 10 Matadero y Buxman Producciones con el apoyo de Crea SGR

Crítica de la función del 31 de octubre de 2016 en Nave 10 Matadero

Fechas y entradas de esta obra, en FOMOMad